Es sabido que en los antiguos misterios de Eleusis, en la antigua Grecia, estos se dividian en los llamados
misterios menores y los misterios mayores. Los menores se celebraban
en la ciudad de Atenas unos meses antes de los misterios mayores,
estos últimos requerían desplazarse desde Atenas a la vecina ciudad
de Eleusis donde los misterios mayores se celebrarían finalmente.
Una de las diferencias que hay entre
ambas fases de los misterios de Eleusis es que en ambas hay un ritual
de purificación pero mientras en la primera fase, los misterios
menores, se realiza la purificación en las aguas de un río en la
segunda, los misterios mayores, para la purificación se acudía a las
aguas de mar.
Lo que sigue son una serie de
reflexiones personales mías que tengo a partir de mi intento de
comprender lo que pudo ser todo aquello y que son solo fruto y
reflejo de una opinión personal sin nada que la avalen, pero que
quizá algunos encontréis de interés.
¿Por qué el río en un caso y la mar
en otro? Me pregunto.
En ambos casos tenemos como agente
purificador al agua, asociada al concepto de limpieza, purificación,
entrar en contacto con algo primigenio libre de mancha y de forma.
Pero en un caso es en forma de río y de mar en la otra con lo que en
realidad la forma de ver simbolicamente esas aguas cambia y mucho.
El río tiene su cauce y dentro de él
es un permanente transcurrir, fluir, nada en él permanece y a todo
sigue algo y a ese algo a su vez otro algo, sin jamás detenerse. El
río va atravesando el paisaje, siempre en dirección a su
desembocadura. El río nace, transcurre y muere. No en vano decía el
poeta que nuestras vidas son los rios que van dar a la mar.
Purificarnos en un río nos predispone
simbolicamente a purificar nuestra vida en sus aspectos cotidianos.
Es un sentir nuestra vida diaria inserta en lo sagrado hasta en sus
más mínimos detalles, tomar consiciencia de que hasta el más
pequeño detalle de lo que en ella nos ocurre o hacemos tiene una
cara sagrada, relacionada con los dioses, en la que lo divino se
encuentra presente. El ritual de la purificación en las aguas del
río nos ayuda de este modo, cuando lo vivimos como algo sagrado, a
tomar consciencia de nuestra condición de seres insertos en un mundo
que es por si mismo sagrado, que como participantes de él nos hace a
nosotros mismos sagrados y que por lo tanto requiere de nosotros un
comportamiento acorde con donde estamos y lo que somos, es decir, un
comportamiento acorde con lo sagrado.
Esta llamada a mantenerse consciente de
que nuestra vida se da dentro de lo sagrado y con todo lo que ello
implica actuaba durante meses en todo aquel que aspiraba a la
iniciación en los misterios de Eleusis en la tensa espera que iba
desde los misterios menores, con su rito de purificación en el río,
hasta los misterios mayores. El que aspiraba a la iniciación sabía
que algo estaba ocurriendo y que ese algo le reclamaba estar en
permanente alerta para no perder de vista lo sagrado en lo más
cotidiano. “Sagrado es cuando me peino y sagrado cuando me acuesto
y me duermo y sagrado cuando al despertar despierto y me vuelva a
peinar; sagrado es cuando recuerdo esto y cuando fallo y lo olvido
hasta ese fallo y olvido sagrados son; Sagrado es cuando despierto
pienso en ello, sagrado cuando duermo y lo sueño. Sagrado cuando
camino, cuando hablo y cuando escucho, sagrado cuando me siento y
sagrado cuando me levanto, sagrado es cuando me alimento y sagrado
cuando aspiro cada bocanada de aire y cuando la expiro eso es sagrado
también.” o ese es el efecto que imagino producía en la mente del
aspirante a iniciarse, día a día, cada hora, dormido o despierto,
durante meses el recuerdo de esa purificación en las aguas de un rio
mientras se esperaban los misterios mayores.
Y tras meses de irse preparando entre
otras formas de esa por fin llegaba el momento de los grandes
misterios. Le llegaba entonces la hora a las aguas de mar de jugar su
propio papel en estos misterios. Ahora eran solo ellas aquellas que
nos podían purificar.
Pero estas aguas ya no son las aguas de
un río. No tienen principio, ni medio, ni fin. El mar con sus aguas
es lo definitivamente otro, aquello que no nos es lo cotidiano, no es
lo conocido por nosotros, es lo insospechado, aquello que no podemos
abarcar, lo que nos supera. El mar no fluye, o simbolicamente al
menos no, simplemente es.
Pero al mar es a donde conduce el río
que nos lleva, sea este río nuestra vida, el cosmos entero, o
simplemente esos meses de tensa espera que nos han llevado desde los
misterios menores a estos mayores que por fin se nos van desvelar.
Son por ello las aguas del mar las mismas aguas del final del camino.
Van ser por ello aguas que representan para nosotros lo otro, aquello
que jamás hemos conocido, lo nuevo que deja atrás lo viejo, Y este
final del camino es a su vez la meta del camino y por ello donde el
camino muere. La muerte es el final y todo final una muerte. Pero la
muerte asusta a quienes no conocen otra cosa que ser ríos que temen
llegar a la mar. Pero ahora es la mar a donde vamos, como no hemos
ido antes jamás. Vamos a la cuna misma de todos los misterios, hacia
aquello que va cambiar nuestra forma de vernos a nosotros mismos, a
lo demás todo, para hacer que nuestros ojos, ese nuestro mirar, vean
y todo lo miren como ojos diferentes que ya no serán los nuestros de
ayer. Quizá este paso nos cueste más de lo que pueda parecer, no es
fácil aceptar que nuestros ojos dejen de ser nuestros ojos para que
ocupen su lugar ojos que ven y miran de otro modo, pero es detrás de
eso de lo que vamos cuando entramos en el camino que lleva a
desembocar en los grandes misterios. Aceptar este cambio no es
sencillo. Hay que purificarse con agua de mar, que nos haga sentir
que ese final de todo río, incluido el de este que nos esta
arrastrando hacia su propio final, no es un final que nos sea hostil.
Es un final sí, pero al que nos entregamos, en el que confiamos, que
se nos abre y a la vez nos abre a él, en el que nos vamos encontrar
con lo inesperado y abrazarnos a lo inesperado.
Así es al menos como imagino al río y
al mar cumpliendo su función en los antiguos misterios de Eleusis.
Enseñándonos a través del símbolo que hay un camino y ese camino es
un río que va dar a la mar, y ese rió es entrar en el conocimiento
de lo sagrado en todos los aspectos de la vida y desemboca en
comprender que todo es sagrado, que nosotros mismos somos sagrados y
sagrado fue el comienzo, el medio y sagrado es el final. Para
aquellos que alcanzan a comprender tales misterios hasta su propia
muerte cuando le llegue es sagrada, pues saben que ellos mismos lo
son, como lo es cada brizna de hierba, cada rayo de sol, cada hálito
en nuestros pulmones y cada latido de nuestro corazón lo sepamos o
no escuchar.
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